Senegal ya lo tenía. Dos goles de ventaja, el billete a octavos casi en el bolsillo, y una generación entera a punto de escribir su mejor capítulo mundialista. Entonces llegó Bélgica — una selección que lleva años intentando enterrar el fantasma de su generación dorada — y lo rompió todo. Una remontada de 0-2 que nadie en el estadio terminó de creerse, y que deja a Senegal con la herida más fea del torneo.
Había algo cruel en cómo se desarrolló todo. Senegal dominó, marcó dos veces y controló el partido con la autoridad de un equipo que sabe exactamente lo que se juega. El pase a la ronda de 32 estaba al alcance de la mano — casi un trámite, casi un derecho ganado sobre el césped.
Pero el fútbol no funciona así. Y el Mundial, menos.
Bélgica, una selección que lleva varios ciclos intentando redefinirse después del ocaso de su generación más brillante, encontró algo en esa segunda parte que no se puede explicar del todo con datos ni con táctica. Lo encontró cuando más falta hacía y cuando menos se lo esperaba nadie — incluidos, probablemente, ellos mismos.
El contexto importa: esta no es la Bélgica de Hazard, Lukaku en estado de gracia, De Bruyne mandando en cada partido. Es una selección en transición, construida sobre retazos de aquella época y sobre jugadores que todavía buscan su mejor versión en rojo. Precisamente por eso la remontada duele más al rival y sabe mejor al que la protagoniza.
Remontar un 0-2 en un Mundial no es estadística — es carácter. Y Bélgica lo tuvo cuando Senegal, quizás, bajó la guardia un centímetro de más.
2026 ya tiene su imagen más cruel: una selección senegalesa que lo tenía todo hecho y lo perdió en cuestión de minutos. La eliminación en estas circunstancias — tan cerca, tan de repente — es el tipo de derrota que persigue a una generación entera. Lo recogen tanto Mundo Deportivo como AS en sus crónicas del partido.
Bélgica avanza a la ronda de 32 — los dieciseisavos de este Mundial de 48 equipos. Con más preguntas que respuestas sobre su nivel real, pero con la confianza que solo da una noche como esta. El fútbol les debe una explicación a los senegaleses. Ellos, de momento, solo tienen el vuelo de vuelta a casa.
El árbitro pitó el final y los jugadores belgas se abrazaron en el centro del campo. Senegal se quedó quieto unos segundos. Esos segundos lo decían todo.
Senegal ya lo tenía. Dos goles de ventaja, el billete a octavos casi en el bolsillo, y una generación entera a punto de escribir su mejor capítulo mundialista. Entonces llegó Bélgica
Quellen
Mundo Deportivo Fútbol
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“Stays on Mundial 2026 — different angle, same beat.”
INTSuperar la fase de grupos en un Mundial no es suficiente — lo que importa es cómo llegas. Y España, según Pau Cubarsí, llega con la cabeza limpia. Tras un exigente test ante Uruguay que dejó las piern
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