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Por qué los futbolistas del Mundial llevan botas rosas

Por qué los futbolistas del Mundial llevan botas rosas

Por qué los futbolistas del Mundial llevan botas rosas

Millones de espectadores, césped verde y un delantero que remata a puerta con unos botines fucsia que casi duelen a la vista. No es casualidad. Es un contrato.

By Javier Moreno· Redactor jefe de fútbol·Julkaistu ·1 MIN LUKU

Ahí está el delantero, en plena área, y lo primero que ves antes del gol son esas botas. Rosa chicle, fucsia eléctrico, casi fosforescente. No las ha elegido él esa mañana mirando el armario. Se las ha puesto porque tiene que ponérselas.

Las marcas deportivas —Nike, Adidas, Puma— lanzan colorways nuevos por temporada o por torneo. Los jugadores con contrato de patrocinio están obligados a calzar el modelo y el color que la marca decide promocionar en ese momento. No hay margen de negociación sobre el tono: el jugador lleva lo que le mandan.

El rosa y el fucsia no son caprichosos. Sobre el césped verde, esos colores contrastan al máximo. En una retransmisión televisada, cada vez que el jugador toca el balón, la cámara recoge el destello de la bota durante una fracción de segundo. Multiplica eso por noventa minutos, por miles de jugadas, por millones de espectadores en todo el mundo, y tienes un anuncio que ningún spot de treinta segundos puede igualar.

En un Mundial el impacto se dispara. La audiencia global es la más grande que existe en el fútbol, y las marcas lo saben. Por eso reservan sus colorways más llamativos precisamente para ese torneo: el momento en que más ojos están mirando el mismo rectángulo de hierba verde.

No hay ninguna razón táctica detrás del color. La bota rosa agarra igual que la negra, pesa lo mismo, no da más velocidad ni mejor toque. Es pura estrategia comercial: el color es el soporte publicitario, el pie del jugador es el mástil, y el Mundial es la valla más cara del mundo.

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Millones de espectadores, césped verde y un delantero que remata a puerta con unos botines fucsia que casi duelen a la vista. No es casualidad. Es un contrato.

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