Tres Mundiales. Tres eliminaciones prematuras. El fútbol alemán lleva años prometiendo que lo peor ya pasó — y lleva años equivocándose. La caída en los octavos de final del Mundial 2026 no es una sorpresa más: es la confirmación de que Alemania tiene un problema estructural de verdad, y esta vez ni siquiera el presidente de la Federación Alemana de Fútbol ha podido disimularlo.
Rusia 2018 fue un accidente. Qatar 2022 fue una advertencia. Pero el Mundial 2026 ya no admite excusas de guión. Alemania ha caído en la ronda de 32 — los dieciseisavos de final en la nomenclatura tradicional, la primera eliminatoria del Mundial ampliado a 48 equipos según el formato oficial de la FIFA — antes de que el torneo siquiera caliente motores. El presidente de la Federación Alemana de Fútbol ha salido a hablar sin rodeos: «Es un golpe devastador», según recoge Mundo Deportivo, información que también han trasladado AS y EFE Deportes. No es el lenguaje de un dirigente que gestiona una decepción puntual. Es el lenguaje de alguien que sabe que el edificio necesita demolición.
Tres eliminaciones consecutivas en la fase inicial de un Mundial. Para una selección con cuatro títulos mundiales, que fue finalista en 2002 y campeona en Brasil 2014, el dato es sencillamente obsceno. El presidente de la DFB ha prometido cambios — sin detallar cuáles — pero la sola admisión pública de crisis marca un antes y un después en cómo la federación se ve a sí misma.
> Nota: este artículo se basa principalmente en la información publicada por Mundo Deportivo, con referencias adicionales de AS y EFE Deportes. La cita del presidente de la DFB está atribuida a dichas fuentes y no ha sido verificada de forma independiente con un comunicado oficial de la DFB.
El diagnóstico no es nuevo, pero sigue sin tener tratamiento claro. El modelo de cantera que produjo a Müller, Klose, Lahm y compañía lleva una década sin generar una generación de ese calibre. La Bundesliga sigue siendo una de las ligas más atractivas del mundo — pero el talento alemán dentro de ella ha menguado. Los clubes fichan fuera; la selección sufre dentro.
A eso se suma una identidad táctica que nunca terminó de cuajar tras la era Löw. Alemania ha probado distintos perfiles de seleccionador, distintos sistemas, distintas apuestas generacionales — y ninguna ha producido un equipo que compita de verdad en las fases finales de un gran torneo. La solidez defensiva que fue marca de la casa durante décadas se ha evaporado. La creatividad que prometía la generación post-2014 nunca llegó a consolidarse.
Que el máximo dirigente de la DFB use la palabra «devastador» en público no es un gesto menor. En el fútbol alemán, la federación ha tendido históricamente a gestionar las crisis hacia adentro, con comunicados medidos y procesos internos discretos. Esta vez el tono es distinto — y eso, en sí mismo, dice mucho sobre la magnitud del problema.
Los cambios prometidos son todavía una incógnita. Pueden ir desde la estructura técnica hasta el modelo de desarrollo de base, pasando por el propio liderazgo federativo. Lo que parece claro es que el margen para otro ciclo de transición sin resultados se ha agotado. La paciencia de la afición alemana, que vio cómo su selección llegaba al Mundial de local en 2006 y ganaba en 2014, tiene un límite — y ese límite ya se ha cruzado.
El presidente de la DFB no ha tenido que decirlo explícitamente. El marcador lo dijo por él.
Tres Mundiales. Tres eliminaciones prematuras. El fútbol alemán lleva años prometiendo que lo peor ya pasó — y lleva años equivocándose. La caída en los octavos de final del Mundial 2026 no es una sorpresa más: es la…
Sources
Mundo Deportivo Fútbol
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