Tres Mundiales sin Italia. Tres. Una cifra que hace apenas una década habría sonado a ciencia ficción y que hoy es la realidad más incómoda del fútbol europeo. La FIGC ha decidido que la respuesta a semejante crisis no puede ser otro burócrata — y ha llamado al hombre que durante dos décadas fue sinónimo de lo mejor que ha dado este deporte: Paolo Maldini asume el cargo de director técnico de la Federación Italiana de Fútbol, según informa Mundo Deportivo.
Hay nombramientos que son gestión y hay nombramientos que son declaración de intenciones. El de Maldini es las dos cosas a la vez. Cinco Copas de Europa, siete Scudettos, una carrera entera en el AC Milan que redefinió lo que significa defender — y ahora, a los 56 años, la misión más difícil de su vida: reconstruir desde los cimientos una selección que se ha convertido en espectadora del torneo más grande del mundo por tercera vez consecutiva.
No es la primera vez que Maldini se sienta en un despacho. Su etapa como director de área técnica en el Milan entre 2018 y 2022 dejó un legado claro: fichajes inteligentes, apuesta por la cantera y una identidad de juego reconocible. Luego llegó la salida, polémica y abrupta, cuando el fondo RedBird tomó el control del club. La FIGC, al parecer, ha visto en esa experiencia — y en el peso de su apellido — exactamente lo que necesita.
Según Mundo Deportivo, Maldini asumiría el rol de director técnico de la FIGC, aunque los detalles exactos del alcance de sus funciones y los términos del acuerdo no han sido confirmados por canales oficiales de la federación. Por ahora, solo una fuente recoge la noticia — lo que obliga a tratarla con la cautela que merece hasta que haya corroboración italiana o un comunicado oficial.
Lo que sí está claro es el contexto: Italia necesita una reforma estructural urgente. No solo en la selección absoluta, sino en las categorías inferiores, en el modelo de formación y en la relación entre los clubes y la federación. Maldini conoce ese ecosistema desde dentro — como jugador, como directivo y como hijo de Cesare Maldini, él mismo seleccionador azzurro.
Carlo Ancelotti dijo una vez que Maldini era el jugador más inteligente con el que había trabajado. La FIGC está apostando a que esa inteligencia se traduce también en arquitectura institucional.
Que Italia no esté en el Mundial no es solo una anomalía estadística — es una fractura cultural. El país que ganó cuatro Copas del Mundo, que exportó el calcio al mundo entero, que formó a Baresi, Cannavaro, Pirlo y al propio Maldini, lleva desde 2014 sin pisar un torneo que durante décadas consideró casi propiedad suya.
La pregunta que nadie en Roma quiere responder en voz alta es si el problema es de entrenador, de sistema o de algo más profundo: una liga que cada vez forma menos jugadores propios, academias que priorizan el resultado inmediato sobre el desarrollo, y una selección que llega a las fases de clasificación sin el talento suficiente para garantizar el pase.
Maldini no tiene varita mágica. Pero tiene algo que ningún director técnico anónimo puede ofrecer: autoridad moral. Cuando habla de lo que significa vestir el azzurro, nadie en esa sala va a mirar el móvil.
Tres Mundiales sin Italia. Tres. Una cifra que hace apenas una década habría sonado a ciencia ficción y que hoy es la realidad más incómoda del fútbol europeo.
Bronnen
Mundo Deportivo Fútbol
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