
Cuatro partidos, un Fan Fest de altura y ningún partido de México en el horizonte. Así encaró Monterrey su papel como sede del Mundial 2026 — y según recogen El País y Milenio, la ciudad lo resolvió mejor de lo que muchos esperaban. Sin El Tri como anzuelo emocional, la pregunta era obvia: ¿quién llena las gradas y las plazas cuando tu selección no está? Monterrey encontró su propia respuesta.
El miedo era legítimo. Cuando una ciudad mexicana acoge un Mundial pero México no juega en él, el vacío emocional puede ser brutal. El Tri es el pegamento que une a millones de aficionados en torno a un torneo — sin esa capa, Monterrey tenía que convencer a su gente de que valía la pena igual. Que el fútbol, en abstracto, es suficiente.
Y al parecer lo fue. De acuerdo con El País y con la cobertura local de Milenio, la ciudad completó su calendario de cuatro partidos con un ambiente festivo sostenido, y el Fan Fest —descrito como ambicioso desde el principio— funcionó como punto de encuentro para aficionados locales y visitantes internacionales. No es lo mismo que ver a Guillermo Ochoa parar un penalti en el estadio de tu ciudad, claro. Pero tampoco es poco.
El éxito de una sede mundialista no se mide solo en entradas vendidas. Se mide en si la ciudad se transforma — si las calles huelen a torneo, si los bares abren de madrugada, si hay gente de diez países distintos compartiendo una mesa. Monterrey, según ambas fuentes, logró esa textura de evento global que distingue a las sedes que realmente se implican de las que simplemente prestan el estadio.
Hay que apuntarlo con matiz: los relatos de ciudades anfitrionas tienden a ser generosos consigo mismos. Lo que sí parece claro es que los temores previos —baja asistencia, desinterés ciudadano, el efecto depresivo de la ausencia de El Tri— no se materializaron de la forma más catastrófica que algunos anticipaban.
México no estuvo en este Mundial: la selección no superó la fase de clasificación de la CONCACAF y quedó fuera del torneo antes de que arrancara. El país co-anfitrión del torneo más grande del mundo no tenía selección en liza — una situación sin precedentes fáciles, y Monterrey la gestionó desde el primer día.
Lo que queda es una imagen curiosa y, en cierto modo, bonita: una ciudad que decidió que el fútbol valía la pena aunque no fuera el suyo. Eso, en el fondo, es lo que hace que un Mundial sea un Mundial.
Monterrey no aplaudió a El Tri. Aplaudió al fútbol. Y eso también cuenta.
Cuatro partidos, un Fan Fest de altura y ningún partido de México en el horizonte. Así encaró Monterrey su papel como sede del Mundial 2026 — y según recogen El País y Milenio, la ciudad lo resolvió mejor de lo que…
Bronnen
El País — Deportes
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