
Por qué llevan los futbolistas la mano vendada
Por qué llevan los futbolistas la mano vendada
Un portero sale al campo con dos dedos pegados entre sí con esparadrapo. Un delantero lleva la muñeca envuelta desde el calentamiento. No es capricho ni moda: detrás de cada vendaje hay una lesión que no impide jugar, pero que necesita protección.
El momento más fácil de ver es en el portero: sale al túnel con uno o dos dedos envueltos en esparadrapo blanco, a veces pegados entre sí, a veces con la muñeca también cubierta. Los jugadores de campo lo hacen menos, pero ocurre: un extremo con un dedo vendado que cuelga ligeramente separado del resto, o un centrocampista con la mano entera vendada tras un choque en el partido anterior.
La razón es casi siempre la misma: hay una lesión ahí dentro. Un esguince, una luxación pequeña o una fractura que no obliga a parar pero que, sin protección, puede empeorar con el primer balón que llegue.
La técnica más habitual se llama buddy taping. Consiste en pegar el dedo dañado al dedo sano de al lado con esparadrapo. El dedo sano actúa como férula natural: limita el movimiento lateral, absorbe parte del impacto y evita que la articulación se vuelva a doblar en la dirección que no debe. Es sencillo, rápido y permite seguir jugando sin inmovilizar la mano entera.
Los porteros son los que más lo usan, y tiene sentido. Sus dedos encajan impactos constantes durante toda la temporada: paradas al palo, balones a máxima potencia, salidas a puño. Con el tiempo, las articulaciones acumulan daño. Muchos porteros llevan dedos vendados no porque les duela en ese momento, sino porque esa articulación ya se lesionó antes y el vendaje la estabiliza para que no ceda de nuevo bajo presión.
Eso lleva al vendaje preventivo, que es más frecuente de lo que parece. Una articulación que ya sufrió un esguince queda más débil durante semanas. El fisioterapeuta la venda antes del partido para darle soporte extra aunque el jugador no sienta dolor. Es una forma de proteger algo que ya falló una vez y que, sin ayuda, podría fallar otra.
La muñeca sigue la misma lógica. Un esguince de muñeca no impide correr ni cabecear, pero sí duele al caer al suelo con las manos por delante, algo que ocurre varias veces por partido. Vendada y comprimida, la muñeca aguanta mejor el esfuerzo y el jugador puede terminar el partido sin agravar el problema.
Lo que casi nunca es el caso es que el vendaje sea puramente estético o un gesto de equipo. Puede parecer que todos llevan lo mismo, pero cada vendaje responde a una situación concreta que el fisioterapeuta del club ha evaluado antes de salir al campo.
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