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Cañizares carga contra Vinícius: el Madrid renovó por necesidad, no por convicción
Santi Cañizares ha dicho lo que muchos piensan en voz baja y pocos se atreven a firmar con nombre y apellidos: que Vinícius Júnior no recibió ofertas reales este verano y que el Real Madrid renovó al brasileño porque, sencillamente, no tenía otra salida. La tesis es provocadora. También tiene más ángulos de los que parece.
Lo que dijo Cañizares, sin adornos
El ex portero de la selección española fue directo al hablar de la situación de Vinícius en el mercado de verano. Su argumento tiene tres patas: que lo que el brasileño aporta sobre el césped lo compensa con creces con su actitud fuera de él, que ningún club de primer nivel se interesó de verdad por él, y que el Madrid renovó al delantero no por convicción sino por necesidad. Como remate, mencionó al Newcastle como posible destino, con una ironía que dejaba claro que lo consideraba un destino menor para un jugador de ese perfil.
Es una posición dura. Y merece ser analizada en serio.
El argumento del rendimiento frente a la actitud
La idea de que Vinícius "da y quita" en igual medida es un debate que lleva años instalado en el fútbol español. Nadie discute que el brasileño es uno de los delanteros más desequilibrantes del mundo: su velocidad, su capacidad para irse de cualquier defensa en espacios reducidos y su olfato en partidos grandes lo colocan entre los mejores de su generación. El Balón de Oro de 2024 lo reconoció como el mejor jugador del planeta ese año.
Pero la otra cara existe. Vinícius acumula episodios de tensión con rivales, árbitros y aficiones a lo largo de toda su carrera en España. Algunos de esos roces han tenido consecuencias disciplinarias, otros han generado controversia mediática sostenida. El ambiente que rodea al brasileño en determinados estadios tiene una temperatura propia, construida sobre una acumulación de incidentes, no sobre uno solo.
Si eso pesa en la decisión de un club a la hora de ficharlo es una pregunta legítima.
¿Nadie le quería de verdad?
Aquí es donde la tesis de Cañizares se vuelve más difícil de sostener. El argumento de que ningún club importante se interesó por Vinícius choca con la lógica del mercado: un jugador Balón de Oro, en la cima de su carrera, con contrato a punto de vencer, es exactamente el tipo de activo que mueve a los grandes clubes. Arabia Saudí lleva años intentando atraer a los mejores del mundo con condiciones económicas que ninguna liga europea puede igualar. El PSG ha demostrado en los últimos años que está dispuesto a asumir cualquier tipo de perfil mediático si el nivel futbolístico lo justifica.
Que no haya habido un movimiento público y ruidoso no significa que no haya habido conversaciones. El mercado de fichajes de ese nivel rara vez se negocia en abierto.
La renovación: ¿necesidad o estrategia?
El Madrid tenía un problema real: Vinícius llegaba al último año de contrato y la posición del club era negociar desde la debilidad si esperaba demasiado. Eso es cierto con independencia de si había ofertas o no. En esa situación, renovar es la decisión racional para cualquier club que no quiera perder a un activo de ese nivel de forma gratuita o a precio de saldo.
Leer esa renovación como una rendición del Madrid ante la falta de alternativas es una interpretación posible. Leerla como una decisión de gestión deportiva elemental también lo es. Cañizares elige la primera lectura, que es la más llamativa, pero no necesariamente la más sólida.
Newcastle y la ironía que dice mucho
La mención al Newcastle como destino alternativo para Vinícius expone la lógica subyacente del argumento de Cañizares: hay una jerarquía de clubes que pueden permitirse ciertos perfiles y otros que no. El Real Madrid estaría por encima de esa línea. Newcastle, según él, por debajo.
Es una visión del fútbol que muchos comparten y que el propio mercado tiende a reforzar. El Newcastle de los últimos años, sin embargo, lleva temporadas cuestionándola con resultados.
La conclusión que Cañizares no dice
El verdadero fondo de su argumento no es que Vinícius sea un mal jugador. Es que, a su juicio, el coste reputacional y disciplinario de tenerle en la plantilla supera el beneficio deportivo. Eso es una posición respetable, aunque discutible. Lo que no se sostiene con la misma solidez es la afirmación de que nadie quería al brasileño: un jugador de ese nivel siempre tiene mercado, aunque ese mercado no siempre se materialice en una oferta formal antes de que el club de origen cierre la renovación.
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