Photo: Mundo Deportivo Fútbol
Los zapatos imposibles de Valverde
Sustituir a Ernesto Valverde en el Athletic Club no es un trabajo, es una condena con buenas vistas. Jon Uriarte y su junta han elegido a Edin Terzic para escribir el siguiente capítulo en San Mamés, y el técnico bosnio llega con currículum europeo de peso, sí, pero también con la presión de hacerse cargo de un club que no se parece a ningún otro en el mundo.
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El legado que nadie quiere heredar, pero todos desean
Valverde lleva años siendo Bilbao. No el entrenador del Athletic, sino parte del tejido del club, de su forma de entender el fútbol y de lo que significa vestir esa camiseta. Cualquier sucesor llega con el marcador ya en contra antes de pitar el primer partido. Terzic lo sabe. Uriarte también.
El problema no es solo sentimental. La temporada pasada dejó heridas concretas: el Athletic no superó la fase de liga de la Champions League, se quedó fuera de la final de Copa del Rey y el rendimiento doméstico estuvo por debajo de lo esperado. No fue un desastre, pero en un club acostumbrado a pelear por todo, quedarse a las puertas duele el doble.
Lo que Terzic tiene a su favor
El técnico bosnio no llega como un experimento. Terzic llevó al Borussia Dortmund a la final de la Champions League 2024, plantó cara al Real Madrid en Wembley y demostró que sabe gestionar vestuarios con carácter propio, presión externa y exigencia máxima. Eso cuenta. El Athletic no necesita a alguien que aprenda en el cargo, necesita a alguien que ya haya estado en el fuego.
Además, la cantera del Athletic sigue siendo la más singular del fútbol europeo. Solo jugadores vascos, sin excepciones. Esa restricción, que para cualquier otro club sería un handicap, aquí es el alma del proyecto. Terzic tendrá que aprender a construir sin el mercado como red de seguridad, algo que no es exactamente lo que hacen los grandes clubes alemanes cuando les falla un titular.
El reto real: Europa y la regularidad
Lo que se le pide a Terzic no cabe en un contrato pero todo el mundo lo lee entre líneas: que el Athletic vuelva a competir de verdad en Europa y no solo a participar, que la regularidad en LaLiga sea suficiente para no depender de las copas como tabla de salvación, y que los aficionados de San Mamés le den tiempo antes de juzgarle con el rasero de Valverde. Este último punto es el más complicado, y nadie lo va a escribir en ningún papel.
Terzic llega a Bilbao con una final de Champions en el bolsillo y la credibilidad de haber llevado a un club sin el presupuesto del Madrid o el Barça hasta Wembley. Lo que no tiene, todavía, es lo que Valverde construyó durante años: la confianza ciega de una afición que siente el club como algo propio, casi genético. Eso no se compra ni se trae de Dortmund. Se gana partido a partido, en euskera y en silencio.
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