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FC Salzburg gegen Paris Saint-Germain UEFA Champions League — Photo: Werner100359 via Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Photo: Werner100359 via Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

La Champions también se juega en la pista de aterrizaje

La final de Champions de 2027 se juega en el Metropolitano, y una de las razones no tiene nada que ver con el césped: Madrid tiene aeropuerto de sobra para tragarse la avalancha de jets privados que ya colapsó Budapest. La UEFA ha aprendido la lección por las malas.

By Pablo Vega· Cronista de partidos·Publicado ·2 MIN DE LECTURA

El caos de Budapest, en cifras

Cuando PSG y Arsenal se jugaron la Champions la temporada pasada, el aeropuerto de Budapest tuvo que gestionar 280 vuelos privados en torno al partido. No fue suficiente: otras 105 solicitudes de jets privados tuvieron que ser rechazadas y desviadas a otros aeropuertos de Hungría, e incluso de países vecinos. Eso son más de 380 aeronaves intentando aterrizar en una capital que no está diseñada para absorber ese volumen en 48 horas.

Ahí aterrizan directivos de clubes, patrocinadores, invitados VIP, autoridades del fútbol y una legión de aficionados con dinero de sobra que deciden que ir en vuelo comercial no es una opción para la final más grande del calendario europeo. Y cuando el aeropuerto se satura, el problema deja de ser privado: se convierte en un dolor de cabeza para el propio organismo que organiza el evento.

Por qué Madrid resuelve el problema antes de que exista

La elección del Metropolitano para 2027 encaja con una lógica que la UEFA ya no puede ignorar: la infraestructura aeroportuaria de la ciudad sede importa tanto como el estadio. Madrid tiene el Adolfo Suárez Madrid-Barajas, uno de los aeropuertos más grandes de Europa, con capacidad de sobra para absorber un pico de tráfico privado sin colapsar. A eso se suman aeródromos y terminales de aviación general en la región capaces de repartir la carga si Barajas se satura.

Esto convierte a Madrid en una apuesta segura frente a ciudades más pequeñas o con aeropuertos más limitados, que hasta ahora se elegían casi exclusivamente por el estadio, el ambiente o la capacidad hotelera.

Un criterio que ya pesa en otras decisiones

El caso más llamativo de este nuevo cálculo no es de la UEFA sino de la FIFA. En la carrera por acoger la final del Mundial 2030, el Bernabéu compite con el estadio Hassan II de Benslimane, a 40 millas de Casablanca. Gianni Infantino, presidente de la FIFA y bajo presión creciente dentro del organismo, es señalado por fuentes como partidario de la candidatura marroquí, aunque nadie sugiere que la capacidad de Benslimane para absorber jets privados esté entre sus prioridades.

La comparación es reveladora: un estadio nuevo y espectacular en mitad del desierto no resuelve el mismo problema que resolvió Madrid casi sin proponérselo. Benslimane no tiene detrás una capital con infraestructura aeroportuaria de primer nivel a 40 millas de distancia lista para absorber cientos de vuelos privados en 48 horas.

El fútbol de élite ya no cabe en cualquier ciudad

La final de Champions reúne a patrocinadores, políticos, agentes y aficionados con jet propio que aterrizan en una ciudad concreta durante 72 horas. Cuando ese aterrizaje colectivo desborda un aeropuerto entero, como pasó en Budapest, la propia final se convierte en un problema de gestión de tráfico aéreo antes que de fútbol.

Madrid no ha ganado la sede de 2027 solo por Barajas, pero el hecho de que la UEFA ya lo mencione como parte del criterio confirma algo que hace una década habría sonado absurdo: el tamaño del aeropuerto también decide dónde se juega una final de Champions.

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La final de Champions de 2027 se juega en el Metropolitano, y una de las razones no tiene nada que ver con el césped: Madrid tiene aeropuerto de sobra para tragarse la avalancha de jets privados que ya colapsó Budapest.

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