
ILLUSTRATION — FLAGSIDE
Kvaratskhelia y el Balón de Oro sin Mundial
Kvaratskhelia lanzó la pregunta él mismo: ¿se puede ganar el Balón de Oro sin haber jugado nunca un Mundial? La respuesta corta es sí, hay precedente. La respuesta larga explica por qué su caso es distinto al de cualquier otro candidato de la última década.
La pregunta que él mismo puso sobre la mesa
Kvaratskhelia no se escondió. Dijo en voz alta lo que todo aficionado georgiano piensa cada verano: Georgia no ha jugado nunca un Mundial, y él probablemente tampoco lo hará en el corto plazo. Eso significa que su carrera, a diferencia de la de un Mbappé o un Bellingham, nunca va a tener esa vitrina de cuatro semanas cada cuatro años donde se deciden tantos Balones de Oro. Y sin embargo, admite algo importante: cree que no depende de él, sino de quien vota.
El precedente que sí existe: George Weah
El Balón de Oro no es, por definición, un premio mundialista. George Weah lo ganó en 1995 sin haber jugado nunca un Mundial, porque Liberia nunca se clasificó. Ganó por su temporada en el PSG, punto. Durante años el premio estuvo limitado a jugadores europeos o de clubes europeos, así que ni siquiera había margen para el relato de selección. La votación premiaba lo que se veía cada semana en la Champions y en las grandes ligas, no lo que pasaba una vez cada cuatro años.
Por qué el Mundial pesa tanto de todos modos
Dicho esto, en las últimas dos décadas el patrón ha sido casi mecánico: en año de Mundial, casi siempre gana alguien que brilló en el Mundial. Es lógica de votante: el torneo concentra la atención global de todo el planeta futbolero durante un mes entero, y deja una imagen que pesa más que treinta partidos de liga repartidos entre agosto y mayo. Eso explica por qué Kvaratskhelia siente que arranca con desventaja estructural. No es que su fútbol valga menos, es que su escaparate es más pequeño.
El otro dato: los años sin Mundial son su terreno
Aquí está el margen real. En los años impares, sin Mundial ni Eurocopa de por medio, el premio se decide únicamente por lo que ha pasado en los clubes durante la temporada europea. Ahí no hay ventaja estructural para nadie: cuenta el gol, la asistencia, el título, la Champions. Si Kvaratskhelia mantiene en el Nápoles el nivel que enseñó tras llegar del Dinamo Batumi, un año sin Mundial es, paradójicamente, su mejor oportunidad. No compite contra Mbappé con la selección francesa en la boca de todos, compite contra rendimiento puro de temporada.
Lo que dijo sobre Platini y Kroos
Que Michel Platini y Toni Kroos, dos ganadores del propio premio o candidatos históricos a él, hayan dicho en público que Kvaratskhelia merece el Balón de Oro, construye un relato potente. Son voces que entienden exactamente lo que hace falta para ganarlo, y las dos coinciden en que su fútbol ya está a ese nivel. Eso no sustituye a un Mundial, pero ayuda a colocar a Kvaratskhelia entre los reconocidos por sus iguales antes que por una hazaña puntual en un torneo de un mes.
La conclusión real
Sí, se puede ganar el Balón de Oro sin jugar un Mundial. Weah lo demuestra y el reglamento no exige nada distinto. Lo que Kvaratskhelia necesita no es una selección que se clasifique, sino un Nápoles que gane títulos grandes en un año sin Mundial de por medio, con él como protagonista claro. El camino existe. Es más estrecho que el de sus rivales con selección potente, pero no está cerrado.
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