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De Zerbi tiene razón: la mentalidad no está en ningún escaparate

Roberto De Zerbi lo resumió en una frase y no hace falta buscarle más vuelta: la mentalidad no se compra en el mercado de fichajes. No es una queja, es un diagnóstico. Y basta mirar lo que ha pasado en los últimos años para entender por qué tiene razón.

By Mark de Jong· Hoofdredacteur voetbal·Gepubliceerd ·3 MIN LEESTIJD

El problema que el dinero no resuelve

Hay una fantasía instalada en el fútbol moderno: la idea de que un club con suficiente presupuesto puede construir un equipo ganador simplemente acumulando talento. La Premier League lleva años siendo el laboratorio más caro de esa teoría, y los resultados son, como mínimo, mixtos.

El Manchester City de Pep Guardiola rompió ese mito por arriba, pero también lo confirmó por abajo: el propio City tardó años en convertir una plantilla de estrellas en un equipo con carácter competitivo real. Y cuando lo consiguió, no fue porque fichara a alguien con mentalidad ganadora en el dorsal. Fue porque construyó una cultura interna, un sistema de exigencia diaria, una forma de entender el trabajo que no aparece en ningún contrato.

De Zerbi conoce ese mundo bien. Ha entrenado en Italia, en Ucrania y en Inglaterra, y en cada parada ha visto la misma cosa: jugadores con un talento descomunal que se desmoronan en el momento decisivo, y jugadores sin nombre que sacan algo extra cuando el partido lo pide. La diferencia no está en las piernas. Está en la cabeza.

Qué es exactamente la mentalidad

La palabra se usa tanto que ha perdido peso. Mentalidad no es actitud en el vestuario ni positividad en la rueda de prensa. Es la capacidad de un jugador, y de un grupo, para mantener el nivel de exigencia cuando el entorno no lo facilita: cuando se pierde, cuando se está lesionado, cuando el técnico no te pone, cuando el club atraviesa una crisis.

Eso no se transfiere con un fichaje. Se cultiva. Se construye con tiempo, con un entrenador que exige lo mismo el martes de enero que el sábado de mayo, con una estructura de club que no cambia el mensaje cada vez que cambia el director deportivo.

Los clubes que han ganado de forma sostenida, desde el Barcelona de los años 2000 hasta el Real Madrid de las últimas Champions, comparten algo más allá del presupuesto: una identidad competitiva que sobrevive a las bajas, a los malos momentos y a los cambios de plantilla. Eso no se compra. Se hereda, se transmite y, sobre todo, se trabaja.

Por qué los fichajes grandes a veces empeoran el problema

Hay un efecto perverso en los mercados de verano más agresivos. Cuando un club gasta mucho y rápido, a menudo incorpora jugadores que vienen de entornos muy distintos, con hábitos de trabajo diferentes, con expectativas distintas sobre su rol. Integrar eso lleva tiempo, y el tiempo es lo que menos tienen los entrenadores modernos.

El resultado es frecuente: plantillas con un valor de mercado enorme que tardan media temporada en encontrar su identidad, que son frágiles ante la adversidad, que se fragmentan cuando los resultados no acompañan. No porque los jugadores sean malos. Sino porque nadie ha tenido tiempo de construir algo común.

De Zerbi lo observó de cerca en Brighton, donde construyó un equipo cohesionado con recursos muy inferiores a los de los grandes, y lo vio también desde fuera cuando esos jugadores se marcharon a clubes más ricos y tardaron en rendir al mismo nivel. El contexto importa. La cultura del club importa. Y eso no viaja en el avión del jugador.

Lo que sí se puede hacer

La mentalidad no se ficha, pero sí se puede reclutar con ella en mente. Los clubes más inteligentes del mercado llevan años añadiendo criterios de evaluación psicológica y competitiva a sus informes de scouting. No solo preguntan cuántos goles marca o cuántos kilómetros corre: preguntan cómo reacciona cuando pierde el puesto, cómo responde en un vestuario nuevo, qué historial tiene en momentos de presión.

También se puede construir desde dentro. La cantera no es solo una fuente de jugadores baratos: es la forma más eficiente de garantizar que los futbolistas que llegan al primer equipo ya conocen la cultura del club, ya han sido formados en sus exigencias, ya saben lo que se espera de ellos cuando el partido se pone feo.

Y, sobre todo, se puede proteger. Los clubes que cambian de entrenador cada año, que modifican el proyecto cada ventana de mercado, que priorizan el nombre sobre el encaje, están destruyendo activamente la mentalidad que podrían tener. La inestabilidad es el enemigo número uno de la cultura competitiva.

De Zerbi no dijo nada nuevo. Pero varios clubes que han gastado cantidades históricas este verano tendrán que demostrarlo en el campo: si han comprado once jugadores o algo más difícil de medir.

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Roberto De Zerbi lo resumió en una frase y no hace falta buscarle más vuelta: la mentalidad no se compra en el mercado de fichajes. No es una queja, es un diagnóstico.

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