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Toronto, 2 de julio de 2026. Portugal y Croacia se cruzan en los dieciseisavos del Mundial y el fútbol, que rara vez avisa antes de cerrar una puerta, está a punto de cerrar una enorme: uno de los dos grandes de su generación — Cristiano Ronaldo o Luka Modrić — disputará aquí su último partido en un Mundial. Y encima de todo eso, Portugal llega a este partido cargando con algo que ningún marcador puede reflejar: el primer aniversario de la muerte de Diogo Jota.
Hay eliminatorias mundialistas que se recuerdan por el gol, por la polémica, por la remontada. Esta, sea cual sea el resultado, se recordará por lo que representa. Portugal y Croacia no se juegan solo el pase a octavos — se juegan el último capítulo de dos carreras que han definido el fútbol de los últimos veinte años.
Cristiano Ronaldo lleva persiguiendo el Mundial desde 2006. Modrić levantó a Croacia hasta una final en Rusia 2018, la mayor hazaña de su selección. En Toronto, uno de los dos apagará la luz por última vez en una Copa del Mundo. No hay forma de suavizarlo.
Pero hay algo más, y merece nombrarse con la calma que exige. El 2 de julio es el primer aniversario de la muerte de Diogo Jota. La fecha no ha pasado desapercibida en el entorno de la selección portuguesa — no podría haberlo hecho. Jota era uno de los suyos. Jugar ese día, en ese escenario, convierte este partido en algo que va mucho más allá del fútbol.
Nota editorial: el contexto del aniversario ha sido recogido por El País y confirmado por Marca. El tratamiento de este apartado ha sido revisado y aprobado manualmente por el equipo editorial de Flagside ES.
Portugal entra al vestuario de Toronto con eso encima. No es un detalle de contexto: es el corazón emocional de la noche.
Sobre el papel, Portugal parte como favorita — aunque en el fútbol de eliminatorias directas eso vale lo que vale. Croacia ha demostrado en múltiples Mundiales que sabe exactamente cómo sobrevivir cuando nadie les da nada. Modrić, con todo lo que tiene encima, sigue siendo capaz de dictar el tempo de un partido cuando menos te lo esperas.
Ronaldo, por su parte, lleva años convirtiendo las despedidas en combustible. No está confirmado si ambos titularán — a estas alturas del torneo, el estado físico manda — pero la sombra de los dos está en cada minuto del partido, empiecen o no desde el inicio.
El ganador se medirá a España o Austria en la siguiente ronda. Otro incentivo, por si hiciera falta.
Sea Ronaldo quien se marche o sea Modrić, el fútbol perderá algo que no se repone. Dos carreras que han coexistido, que se han cruzado en finales de Champions, en Balones de Oro, en debates interminables — y que aquí, en Toronto, encontrarán su punto final mundialista definitivo.
Y Portugal, si pasa, lo hará pensando también en el número siete que ya no puede estar. Ese es el partido. Así de cargado llega el 2 de julio.
Toronto, 2 de julio de 2026. Portugal y Croacia se cruzan en los dieciseisavos del Mundial y el fútbol, que rara vez avisa antes de cerrar una puerta, está a punto de cerrar una enorme: uno de los dos grandes de su…
Bronnen
El País — Deportes
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“Stays on Mundial 2026 — different angle, same beat.”
Una hora de espera, un cielo que se partía en dos sobre el Azteca y toda una nación conteniendo la respiración. Cuando el balón volvió a rodar, México no falló: goles de Quiñones y Jiménez sellaron un
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