
Por qué llevan sujetador los futbolistas
Un jugador se quita la camiseta al celebrar un gol y debajo asoma algo con tirantes cruzados que parece un sujetador deportivo. No lo es.
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Pasa casi siempre en el mismo momento: alguien marca, se arranca la camiseta para celebrarlo o el árbitro se la hace cambiar por estar rota, y debajo aparece esa prenda negra con correas que cruzan el pecho y la espalda. La imagen confunde porque, visualmente, recuerda a un sujetador de deporte.
No tiene nada que ver con ropa interior. Es un chaleco o arnés de monitorización, y entre los omóplatos lleva un pequeño bolsillo donde se guarda un dispositivo GPS. Ese sensor va pegado al cuerpo del futbolista durante todo el entrenamiento o el partido.
El aparato registra la distancia que recorre el jugador, la velocidad a la que corre, las aceleraciones y frenazos bruscos, y en algunos casos también la frecuencia cardíaca. Son datos en bruto, pero muy útiles: el cuerpo técnico y los preparadores físicos los revisan después para ver cómo ha rendido cada jugador y cuánta carga física ha soportado esa sesión o ese choque.
Con esa información deciden cosas muy concretas. Si un central ha corrido mucho menos que de costumbre, puede ser señal de fatiga o de un problema físico que todavía no ha dado la cara. Si un extremo acumula semana tras semana picos de aceleración muy altos, el club puede ajustar su carga de entrenamiento para evitar una lesión muscular. El chaleco, en el fondo, es una herramienta de control, no una moda ni una excentricidad del jugador.
El apodo de 'sujetador' viene solo de la forma: los tirantes cruzados en el pecho y en la espalda imitan el patrón de esa prenda, así que el ojo hace la asociación rápido, sobre todo cuando se ve sin la camiseta encima. Pero el diseño responde a una necesidad práctica, que es sujetar el sensor pegado a la espalda alta sin que se mueva mientras el futbolista corre, gira o choca con un rival.
Se hace más visible en los momentos en que el jugador se queda sin camiseta: al celebrar un gol, al intercambiar camisetas al final del partido o cuando un roce se la rompe y tiene que cambiarla en plena jugada. En entrenamientos, donde nadie se fija tanto, el chaleco se ve con total normalidad porque ahí no hay cámaras esperando una celebración.
No todos los equipos usan el mismo modelo ni la misma marca de sensor, y algunos jugadores prefieren ajustarlo más alto o más bajo en la espalda, pero la función es siempre la misma: convertir el partido en datos que luego alguien en la sala de vídeo va a repasar con calma.
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