Romelu Lukaku lleva años siendo el nombre que aparece en la lista de Bélgica casi por inercia. El delantero histórico, el goleador de récord, el crack que siempre estaba ahí. Pero en el Mundial 2026, el guion ha cambiado: suplente en dos de los tres partidos de la fase de grupos, con una temporada a sus espaldas en la que las lesiones le robaron 44 partidos. Y aun así, Lukaku sale a hablar con una sonrisa. «Para mí estar aquí ya es una bendici��n», declaró según recoge Mundo Deportivo.
Hay algo que te dice mucho de un jugador cuando, después de meses en la enfermería y un Mundial en el que apenas ha pisado el campo, lo primero que hace es dar las gracias. Eso es exactamente lo que ha hecho Lukaku.
Cuarenta y cuatro partidos sin jugar. No es un bache de forma, no es una mala racha: es una temporada entera hecha añicos por las lesiones. Llegar al Mundial en esas condiciones ya era un logro en sí mismo. Que Bélgica le haya incluido en la convocatoria dice mucho de lo que sigue representando para la selección. Que haya aceptado el rol de suplente sin ruido dice aún más de él.
Lukaku es uno de los máximos goleadores de la historia de Bélgica. Durante años fue el eje de esa generación dorada que prometió tanto y que, en los grandes torneos, siempre se quedó a las puertas. Eden Hazard ya colgó las botas. Kevin De Bruyne está en el ocaso. Y ahora Lukaku, el último gran nombre de ese ciclo, aparece en el banquillo de un Mundial con cara de agradecido.
No es una imagen que nadie hubiera imaginado hace cinco años. Pero el fútbol tiene esa crueldad particular: no espera a nadie, ni siquiera a los mejores.
Lo que no está claro todavía es si este Mundial es un punto final o una última bala. Cuando Lukaku entra al campo, incluso a medio gas, sigue siendo un problema para cualquier defensa. La pregunta es cuántos minutos le quedan — y si Bélgica va a necesitarlos.
Hay algo casi refrescante en su respuesta pública. En un fútbol lleno de egos y comunicados de prensa, Lukaku aparece con una frase sencilla y genuina. Sin quejas, sin exigir titularidad, sin agentes filtrando malestar a los medios.
Carlo Ancelotti aplaudió a la grada. No tenía por qué. Lukaku, de momento, hace algo parecido: aplaude el hecho de estar vivo futbolísticamente cuando todo apuntaba a que este verano lo pasaría viendo el torneo desde el sofá.
Si Bélgica avanza en el torneo, el papel de Lukaku podría crecer. O podría no hacerlo. Pero lo que queda de esta historia, sea cual sea el desenlace, es la imagen de un delantero que ha peleado contra su propio cuerpo para subirse a un avión y llegar hasta aquí. A veces eso también es fútbol.
Romelu Lukaku lleva años siendo el nombre que aparece en la lista de Bélgica casi por inercia. El delantero histórico, el goleador de récord, el crack que siempre estaba ahí.
Sources
Mundo Deportivo Fútbol
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“Stays on Mundial 2026 — different angle, same beat.”
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