
City: la ira de la afición va contra el dueño equivocado
La afición del Manchester City tiene motivos de sobra para sentirse agraviada por cómo se ha gestionado el caso de los 115 cargos. El problema es que buena parte de esa rabia se dirige hacia la Premier League y hacia rivales como Carragher o Keane, cuando quienes han puesto al club en esta posición son sus propios dueños.
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Un club atrapado entre dos frentes
Desde que estalló la acusación de las 115 infracciones financieras entre 2009 y 2018, el relato dominante ha sido el de un club asediado: la Premier League, la prensa, exfutbolistas convertidos en pundits, todos contra el City. Y es verdad que hay un componente de linchamiento mediático, con Mourinho bromeando desde Estambul o Keane saliendo a corregir a Rodri en directo. Pero reducir todo esto a '20 contra 1' le hace un flaco favor a la propia afición, porque esconde quién tomó las decisiones que generaron el caso.
Lo que el aficionado no controla
El seguidor del City no tomó ninguna de las decisiones que ahora están bajo la lupa de un panel independiente: ni los contratos de patrocinio, ni la estructura societaria, ni los acuerdos que se investigan. Esas decisiones las tomó la directiva, con el beneplácito y bajo las instrucciones de la propiedad de Abu Dabi. El club lleva casi una década sin admitir nada y defendiéndose con los dientes, una estrategia legítima dentro del reglamento, pero que también ha significado años de incertidumbre para gente que paga su abono cada agosto sin tener ni voto ni información real sobre lo que ocurre en los despachos.
Por qué la rabia está mal dirigida
Cuando la indignación se vuelca contra la Premier League por abrir el caso, o contra Carragher por pedir que se borren títulos, se está discutiendo el síntoma y no la causa. La Premier League no inventó las cláusulas de patrocinio ni los contratos que investiga: se limita a comprobar si cumplían el reglamento de juego limpio financiero que todos los clubes, incluido el City, firmaron. Si el panel falla en contra, lo lógico es preguntarse por qué la propiedad permitió llegar a este punto, no por qué existe un sistema de control.
Hay además un argumento de autoconservación. Un City que sale indemne del proceso seguirá bajo la misma estructura de propiedad que generó la sospecha en primer lugar, lo que significa que el riesgo reputacional no desaparece aunque el panel absuelva al club: el apodo de 'Sham FC' ya ha calado, y un veredicto favorable no lo borra de un plumazo.
Lo que está en juego de verdad
Si el fallo confirma la culpabilidad, las consecuencias no se limitan a una multa simbólica: se habla de puntos, de títulos y de la reputación de una era entera construida bajo Pep Guardiola. El palmarés acumulado durante estos años no se borra solo por una sanción, pero tampoco se sostiene indefinidamente si el relato público asume que hubo trampa, gane o pierda el City ante el panel. El veredicto del panel y el veredicto de la calle llevan caminos distintos, y eso es lo que complica todo lo demás.
La pregunta que la afición debería hacerse
En lugar de pelear en redes contra cada pundit que menciona los 115 cargos, el ejercicio más útil para un aficionado del City es preguntarse qué garantías tiene de que la propiedad actual gestiona el club con la misma transparencia que exige de sus críticos. Andy Burnham puede salir a defender al club en plena investigación, Pep puede seguir ganando partidos, pero ninguno de los dos puede borrar el hecho de que la sombra sobre el City la proyectaron decisiones tomadas arriba del todo, no la gente que llena el Etihad cada quincena. Dirigir la rabia hacia la Premier League es más fácil, pero dirigirla hacia los dueños es lo honesto.
¿Debería el City cambiar de propiedad para limpiar su imagen?
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