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FC Salzburg gegen Paris Saint-Germain UEFA Champions League — Photo: Werner100359 via Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

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Por qué el City es paria y el PSG no

El Manchester City y el Paris Saint-Germain comparten el mismo punto de partida: un jeque y un fondo estatal que transformaron clubes medianos en máquinas de ganar títulos. Pero mientras el PSG resolvió su lío con el fair play financiero hace más de una década y siguió creciendo, el City carga con 115 cargos abiertos en su propia liga. La diferencia no está en quién hizo trampas, sino en quién sigue pagando por ello.

Redacción de Flagside·Publicado ·3 MIN DE LECTURA

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Dos jeques, un mismo manual

El Manchester City pasó a manos del Abu Dhabi United Group, vinculado al jeque Mansour, en 2008. El Paris Saint-Germain cayó bajo el control de Qatar Sports Investments en 2011. Ambos eran clubes de capitales europeas con historiales discretos. Ambos se convirtieron, en apenas una década, en dominadores de su liga y en campeones de Champions League. El patrón fue idéntico: inversión masiva, fichajes galácticos, infraestructuras nuevas y un relato de proyecto deportivo respaldado por un estado.

El PSG ya pasó por su propio juicio

Lo que casi nadie recuerda es que el PSG también tuvo su cruce con el fair play financiero de la UEFA, hace ya más de diez años. El organismo europeo investigó los contratos de patrocinio del club parisino, sospechosamente inflados por entidades cercanas al propio estado qatarí, y acabó sancionando al club con una multa y un límite temporal al gasto en plantilla. Fue un castigo real, pero gestionado como un acuerdo cerrado entre la UEFA y el club: una sanción, una multa, un periodo de ajuste, y vuelta a la normalidad. El caso se cerró. El PSG siguió fichando, siguió ganando la Ligue 1 casi todos los años, y terminó levantando la Champions League que perseguía desde Qatar.

El City no negoció nada: sigue en los tribunales

El caso del City es de otra naturaleza y de otra escala. No lo investiga la UEFA, sino la propia Premier League, que acumula más de un centenar de cargos contra el club por presuntas irregularidades financieras cometidas durante la pasada década (cifra y periodo exacto pendientes de verificación editorial). No hay acuerdo cerrado, no hay multa pactada, no hay capítulo terminado: hay un proceso disciplinario interno todavía sin resolución final, con el club negando cualquier irregularidad y la liga inglesa exponiendo su propia credibilidad cada día que el caso sigue abierto.

Hubo, además, un episodio europeo paralelo: en 2020 la UEFA sancionó al City con una expulsión de dos temporadas de competición europea por supuestas infracciones del fair play financiero, una sanción que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) acabó anulando por motivos de prescripción, no porque considerara al club inocente de fondo. Esa fue la versión europea del caso City, y terminó en absolución técnica. La versión inglesa, mucho más amplia en número de cargos y en periodo investigado, sigue viva.

Por qué eso convierte a uno en paria y al otro no

La clave no es si las acusaciones son peores en un club que en otro. Es que el PSG cerró su capítulo con la UEFA hace más de diez años, mientras el City lleva un lustro largo con una espada judicial sobre la cabeza dentro de su propia competición doméstica. Esa incertidumbre tiene un coste reputacional que el PSG nunca sufrió en Francia: la credibilidad de la Premier League está en juego si el equipo que ha dominado la última década resulta culpable de alterar las reglas que todos los demás respetaron. El caso ha generado ya tensión más allá del terreno deportivo, con voces dentro y fuera del fútbol inglés pidiendo una resolución rápida que no deje dudas sobre la imparcialidad del proceso.

El PSG, mientras tanto, no tiene ningún proceso abierto que amenace su legitimidad dentro de la Ligue 1. Ganó su pulso con la UEFA, pagó el precio que le pusieron y siguió construyendo, hasta convertirse en el proyecto más sólido y menos cuestionado del fútbol francés, con Luis Enrique dándole encima una identidad futbolística que antes no tenía.

Una diferencia de cronología, no de inocencia

Ninguno de los dos clubes puede presumir de un pasado financiero inmaculado. La diferencia real es de calendario y de jurisdicción: el PSG resolvió su problema cuando el fair play financiero aún estaba en pañales y la sanción fue proporcionalmente blanda. El City afronta un proceso mucho más tardío, mucho más extenso y mucho más visible, dentro de una liga que no puede permitirse pasar de puntillas. Esa es la distancia entre ser un club con un episodio cerrado en el pasado y ser, hoy mismo, un caso judicial sin fecha de cierre.

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El Manchester City y el Paris Saint-Germain comparten el mismo punto de partida: un jeque y un fondo estatal que transformaron clubes medianos en máquinas de ganar títulos.

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