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Por qué los futbolistas escupen el agua en lugar de tragarla

Lo ves en cada partido: el delantero corre hasta el banderín, recibe el botellín, se mete un trago en la boca y lo escupe al suelo. No es desprecio por el agua. Es fisiología.

Redacción de Flagside·Publicado ·2 MIN DE LECTURA

Escrito con IA y comprobado automáticamente antes de publicarse. Cómo trabajamos

El lateral pide el botellín en un saque de banda, se llena la boca, aguanta dos segundos y escupe. Lo hace el portero entre palo y palo. Lo hace el mediapunta nada más salir del túnel. Nadie se lo explica al espectador de la grada porque, en el fútbol profesional moderno, ya es tan normal como atarse los botines.

La razón principal es sencilla: tragar demasiado líquido mientras corres a máxima intensidad sienta mal. El estómago lleno durante el esfuerzo puede provocar náuseas, calambres o esa sensación de peso que te frena en seco. El jugador necesita la boca húmeda, no el vientre cargado.

Pero hay algo más, y aquí la cosa se pone interesante. Cuando la boca entra en contacto con una bebida que contiene carbohidratos, manda una señal al cerebro antes de que llegue nada al estómago. El cerebro interpreta que viene energía en camino y activa rutas metabólicas como si el jugador hubiera tragado. El rendimiento mejora sin que el sistema digestivo tenga que procesar nada. A esto los fisiólogos del deporte lo llaman carbo-rinsing, enjuague de carbohidratos, y lleva años estudiándose en el deporte de alto nivel.

El tercer motivo es el más inmediato: la sequedad de boca. Correr noventa minutos con la boca abierta reseca la mucosa, dificulta la respiración y genera una incomodidad constante. Un enjuague rápido la humecta, alivia esa sensación y permite seguir sin que el jugador tenga que pensar en ello.

En partidos disputados con mucho calor, el agua fría en la boca también ayuda a bajar la percepción de temperatura. No es un truco psicológico menor: el cuerpo regula el esfuerzo en parte según cómo interpreta el calor, y refrescar la boca unos segundos puede retrasar la sensación de agotamiento.

La práctica no es igual en todos los equipos ni en todos los jugadores. Algunos cracks tragan y escupen a partes iguales según el momento del partido. Otros solo enjuagan. Depende del calor, del minuto, de lo que lleve el botellín —agua sola o bebida con carbohidratos— y de lo que cada jugador ha aprendido que le funciona a él. No hay una sola manera de hacerlo bien.

Lo que sí es común a todos: nadie escupe por costumbre vacía. Detrás de ese gesto que parece descuido hay décadas de fisiología del deporte destiladas en dos segundos de partido.

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Lo ves en cada partido: el delantero corre hasta el banderín, recibe el botellín, se mete un trago en la boca y lo escupe al suelo. No es desprecio por el agua. Es fisiología.

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