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¿Por qué los futbolistas salen al campo con niños de la mano?

¿Por qué los futbolistas salen al campo con niños de la mano?

¿Por qué los futbolistas salen al campo con niños de la mano?

Antes del pitido inicial, cada futbolista camina hacia el círculo central con un niño o niña agarrado de la mano. No es casualidad ni cábala: hay una explicación detrás de ese gesto que se repite partido tras partido.

By Javier Moreno· Redactor jefe de fútbol·Publicado ·2 MIN DE LECTURA

El once sale del túnel de vestuarios en fila y, junto a cada jugador, camina un niño vestido con la equipación del club o de la competición. Se colocan en el centro del campo, posan para la foto y después se retiran a la grada o al banquillo mientras empieza el partido. Es una imagen tan habitual que casi pasa desapercibida, pero detrás de ella hay una maquinaria organizada.

Esos niños se llaman 'mascotas' o 'escoltas', y su presencia responde casi siempre a acuerdos comerciales. Clubes, patrocinadores o la propia competición gestionan estos programas, normalmente a cambio de una aportación económica de las familias o como parte de paquetes de patrocinio con marcas asociadas al evento. En muchos casos, salir de la mano de un futbolista es directamente un producto que se vende o se sortea.

No todo es negocio, sin embargo. Buena parte de estas iniciativas están ligadas a campañas solidarias: asociaciones benéficas, hospitales o fundaciones proponen a niños con enfermedades graves para que vivan ese momento junto a su ídolo antes del partido. Para esos casos, salir al campo de la mano de un crack no es un capricho comercial sino el cumplimiento de un sueño, gestionado a menudo junto a organizaciones que trabajan con menores en tratamiento médico.

También se aprovecha el momento para lanzar mensajes institucionales. Es habitual ver a los niños portando pancartas o camisetas con lemas sobre el juego limpio, el respeto o los derechos de la infancia, así como el famoso saludo con banderines antes del inicio. Se busca que ese primer minuto, con las cámaras ya encendidas y el estadio lleno, sirva para algo más que el simple protocolo de salida.

Lo que esta costumbre no tiene es ninguna función táctica ni ningún propósito dentro del reglamento del juego. Es puro ceremonial: empieza en el túnel y termina en cuanto suena el silbato. A partir de ahí, el niño desaparece del césped y el partido sigue su curso sin que ese gesto previo influya en nada de lo que ocurre después.

Lo que sí varía es quién organiza el programa y con qué criterio se eligen los niños. En algunos clubes son cantera propia o hijos de socios, en otros directamente familias que pagan por la experiencia, y en otros el foco está puesto en asociaciones benéficas. No hay un modelo único: cada competición y cada club decide su propia fórmula, y por eso el ritual se ve igual en la tele pero responde a razones distintas según el partido que se esté disputando.

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¿Debería priorizarse a niños de asociaciones benéficas sobre familias que pagan por ser mascota?

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Antes del pitido inicial, cada futbolista camina hacia el círculo central con un niño o niña agarrado de la mano. No es casualidad ni cábala: hay una explicación detrás de ese gesto que se repite partido tras partido.

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