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Illustration: a floodlit football ground seen from outside at dusk, drawn in heavy ink over halftone texture.

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La copa que ya no se toman los entrenadores

Hubo una época en la que el fútbol inglés terminaba el partido dos veces: una en el césped y otra en el despacho del técnico local, con una copa de vino entre rivales. Esa costumbre casi ha desaparecido, y no es casualidad ni nostalgia mal entendida: hay razones estructurales muy concretas.

By Pablo Vega· Cronista de partidos·Publicado ·3 MIN DE LECTURA

El rito que existió de verdad

No es leyenda urbana. Sir Alex Ferguson convirtió el vino de después del partido en una institución en Old Trafford: el entrenador rival subía a su despacho, se sentaba, y los dos hablaban de fútbol con una copa delante, ganaran, perdieran o empataran. Era un gesto casi protocolario, tan de la Premier League clásica como el té a las tres de la tarde. Y no se limitaba al pitido final: la anécdota de Ferguson y Harry Redknapp viendo carreras de caballos y haciendo apuestas antes de un partido pertenece a ese mismo mundo, el de entrenadores que se conocían desde hacía años y que trataban al rival de turno como a un colega de gremio antes que como a un enemigo.

Por qué ha desaparecido

La explicación más simple es la rotación. Ferguson estuvo más de dos décadas en el mismo banquillo, cruzándose temporada tras temporada con la misma generación de técnicos: Sam Allardyce, David Moyes, Redknapp, exjugadores reconvertidos como Steve Bruce o Mark Hughes. Esa permanencia generaba algo parecido a una amistad de vestuario entre iguales. Hoy, un entrenador de Premier League dura de media mucho menos en el cargo, y las plantillas técnicas cambian con tanta frecuencia que apenas da tiempo a construir ese tipo de relación. Es difícil tomarte un vino con alguien al que solo has visto una vez en tu carrera.

A eso se suma la profesionalización del entorno. Los cuerpos técnicos actuales llegan con un calendario post-partido mucho más apretado: análisis inmediato con el cuerpo de rendimiento, rueda de prensa obligatoria, viaje de vuelta programado al minuto para equipos que juegan cada tres días entre liga, copas y competición europea. El margen para una sobremesa social simplemente ya no existe en la agenda.

La presión mediática cambió las reglas

El otro factor es el escrutinio. En la era de Ferguson, lo que pasaba en un despacho después del partido se quedaba ahí. Hoy cualquier gesto de cercanía entre técnicos rivales corre el riesgo de ser leído como falta de competitividad, sobre todo si el partido ha sido tenso o ha habido polémica arbitral. Los entrenadores actuales viven bajo una vigilancia constante de cámaras, redes y prensa que convierte cualquier imagen fuera del terreno de juego en material de debate. Compartir una copa con el rival que te acaba de ganar, o al que acabas de eliminar de la lucha por Europa, ya no se percibe como cordialidad sino como algo que hay que explicar.

El fútbol moderno también es más internacional

Hay un tercer elemento, menos hablado pero real: la Premier League de Ferguson era una liga dominada por entrenadores británicos que compartían generación, cultura futbolística y, muchas veces, pasado como jugadores en las mismas ligas inferiores inglesas. La Premier League actual está llena de técnicos de procedencias muy distintas, con carreras que no se cruzan antes de llegar a Inglaterra y sin ese poso común de haber compartido vestuario, división o incluso idioma en los primeros años de carrera. El vino después del partido no era solo cortesía: era la forma que tenía un gremio pequeño y muy cerrado de reconocerse entre sí.

¿Se puede recuperar?

No de la forma original, porque las condiciones que la sostenían (permanencia larga en el cargo, calendario menos saturado, un círculo reducido de técnicos que se repetían año tras año) ya no están. Lo que sobrevive son gestos sueltos: algún saludo prolongado en el túnel, algún abrazo cuando el resultado no importa, alguna entrevista conjunta puntual. Pero la escena del despacho con la puerta cerrada y la copa de vino pertenece a una Premier League más lenta, más pequeña y con mucho menos dinero, cámaras y rotación en los banquillos. Ese fútbol ya no existe, así que tampoco existe ya ese rito.

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Hubo una época en la que el fútbol inglés terminaba el partido dos veces: una en el césped y otra en el despacho del técnico local, con una copa de vino entre rivales.

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