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¿Puede un futbolista fumar? La respuesta sin rodeos

¿Puede un futbolista fumar? La respuesta sin rodeos

¿Puede un futbolista fumar? La respuesta sin rodeos

La foto siempre es la misma: vestuario reventado de cava, camiseta fuera del pantalón y un puro entre los dedos de algún futbolista que acaba de ganar la Liga. La pregunta que surge después es simple: ¿puede hacer eso sin que le pase nada?

By Javier Moreno· Redactor jefe de fútbol·Publicado ·2 MIN DE LECTURA

La imagen es de celebración, no de partido. Un jugador recostado en un sofá del vestuario, copa en una mano, puro en la otra, rodeado de compañeros que gritan y se mojan con champán. Nadie interviene, nadie protesta, nadie lo saca de una alineación al día siguiente por eso.

Y la respuesta a la pregunta es que sí, puede. No existe ninguna prohibición futbolística que impida a un futbolista fumar. Es una decisión personal y legal, como la de cualquier otro trabajador. El fútbol regula muchas cosas dentro del campo y fuera de él, pero fumar en su tiempo libre no es una de ellas.

Lo que sí existe es una razón física de peso para no hacerlo, y por eso casi nadie fuma con regularidad en la élite. El tabaco reduce la capacidad pulmonar y perjudica el rendimiento en un deporte que se juega a base de sprints repetidos durante noventa minutos. Un futbolista que fuma a diario no rinde igual que uno que no lo hace, y eso se nota en los datos físicos que cualquier cuerpo técnico revisa cada semana. No es una cuestión de imagen ni de disciplina impuesta desde fuera: es que perjudica directamente lo que ese jugador vende, que es su rendimiento en el campo.

Algunos clubes incluyen en los contratos cláusulas sobre el cuidado de la condición física del jugador, obligaciones genéricas de mantenerse en forma y cuidar su cuerpo como herramienta de trabajo. Pero eso no es lo mismo que una prohibición explícita de fumar. Es un lenguaje amplio que deja margen, y en la práctica casi nunca se usa para sancionar a alguien por fumar un cigarrillo, salvo que ese hábito derive en un problema físico visible y sostenido.

El motivo por el que la pregunta surge tanto es precisamente esa disonancia entre lo que se espera de un deportista de élite y lo que se ve en las celebraciones. Un futbolista que corre quince kilómetros por partido no encaja con la imagen del puro y el cigarrillo, y por eso esas fotos se hacen virales cada vez que aparecen: rompen una expectativa, no una norma.

La excepción a todo esto está en la propia historia del fútbol. Ha habido jugadores famosos a los que se vio fumar sin que eso derivara jamás en una sanción deportiva. Formaba parte de otra época, con otra cultura del cuidado físico y otra relación entre el club y la vida privada del futbolista. Hoy ese hábito es minoritario entre profesionales activos, pero sigue sin estar prohibido en ningún reglamento. Lo raro no es que se pueda fumar; lo raro es que, con lo que exige el cuerpo a ese nivel, alguien elija seguir haciéndolo.

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La foto siempre es la misma: vestuario reventado de cava, camiseta fuera del pantalón y un puro entre los dedos de algún futbolista que acaba de ganar la Liga.

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