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Por qué los futbolistas mastican chicle durante los partidos

Por qué los futbolistas mastican chicle durante los partidos

En el banquillo, en el túnel de vestuarios, a veces incluso en pleno partido: la mandíbula no para. El chicle es una constante en el fútbol de élite y tiene más explicación de la que parece.

By Javier Moreno· Redactor jefe de fútbol·Publicado ·2 MIN DE LECTURA

El portero en la línea de gol antes de un penalti. El centrocampista en el círculo central esperando el pitido inicial. El delantero que sale al campo desde el banquillo y lleva la mandíbula moviéndose desde antes de cruzar la línea. El chicle aparece en todos esos momentos, y no es casualidad.

La razón más directa es fisiológica: masticar mantiene la boca húmeda. Durante el esfuerzo físico intenso, la respiración se acelera, la boca se seca y esa sequedad resulta incómoda. El chicle estimula la producción de saliva y alivia ese problema sin necesidad de parar a beber agua.

Pero la boca húmeda es solo una parte. Masticar chicle mejora el estado de alerta y los tiempos de reacción en deportistas. El movimiento rítmico de la mandíbula activa el sistema nervioso de una forma que mantiene al jugador despierto y reactivo. En un partido donde décimas de segundo separan un buen pase de uno malo, ese margen importa.

Luego está el factor nervios. Masticar es una forma de liberar tensión. El cuerpo bajo presión tiende a agarrotarse — la mandíbula apretada, los hombros encogidos, la respiración corta. Mascar chicle interrumpe ese ciclo de forma casi automática: obliga a la mandíbula a moverse de manera rítmica y controlada, y eso tiene un efecto calmante sobre el resto del cuerpo.

Muchos futbolistas lo hacen, además, por pura rutina. No hay un cálculo consciente detrás de cada chicle: es parte de la preparación psicológica, un gesto repetido antes de cada partido que le dice al cerebro que todo está en orden, que el modo competición está activado. En ese sentido funciona igual que ponerse las botas siempre en el mismo orden o escuchar la misma canción en el vestuario.

El detalle que pocos se preguntan: masticar durante el esfuerzo físico real — corriendo, disputando un balón — es bastante más difícil que hacerlo en el banquillo. Por eso se ve más chicle en los momentos de pausa: el calentamiento, los saques de banda, los descansos en el juego. Cuando el partido aprieta de verdad, la mandíbula suele parar sola.

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En el banquillo, en el túnel de vestuarios, a veces incluso en pleno partido: la mandíbula no para. El chicle es una constante en el fútbol de élite y tiene más explicación de la que parece.

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